Encuesta permanente de Circularidad textil: Agosto

Los resultados de Agosto de la Encuesta Permanente de Circularidad Textil de HILANDA confirman que la recuperación y transformación de materiales ya forman parte de la vida productiva de muchas personas. También muestra el desafío pendiente: construir las condiciones económicas, comerciales y sociales que permitan sostener ese trabajo.

La economía circular no empieza solamente en una política pública, una empresa o una innovación tecnológica. Ocurre todos los días en hogares, talleres pequeños y emprendimientos que reciben materiales textiles, los seleccionan, los reparan, los transforman y los convierten nuevamente en objetos de uso.

Para conocer mejor esa realidad, desde HILANDA impulsamos la Encuesta Permanente de Circularidad Textil, una serie que busca generar información desde las personas que trabajan en la primera línea de la circularidad. La ronda correspondiente a agosto de 2026 reunió 90 registros. Luego de revisar las respuestas duplicadas, la base analítica quedó conformada por 88 casos únicos.

Los resultados permiten observar dos dimensiones inseparables: la capacidad de recuperar materiales y las condiciones económicas en las que ese trabajo se realiza.

Una capacidad de recuperación que se sostiene

Uno de los principales resultados de esta ronda es que la capacidad de aprovechamiento se mantuvo al ampliarse el panel.

• El 87,5% de las personas encuestadas declaró recuperar al menos la mitad del material con el que trabaja.

• El 54,5% afirmó recuperar más del 80%.

• La encuesta identificó participantes en 43 localidades.

Estos datos no representan al conjunto de trabajadoras textiles informales de la región. Se trata de resultados descriptivos, construidos a partir de respuestas autodeclaradas y de una muestra no probabilística. Su valor está en otro lugar: permiten comenzar a sostener una serie, reconocer continuidades y formular mejores preguntas sobre una actividad que todavía permanece poco registrada.

La recuperación no se limita a separar materiales. Incluye decisiones, saberes y trabajo: seleccionar, reparar, cortar, combinar, transformar y encontrar nuevos usos para aquello que en otros circuitos podría convertirse en descarte.

Del descarte a nuevos productos

La encuesta muestra también qué sucede con los materiales una vez que llegan a estos espacios de trabajo.

El 89,4% de las respuestas válidas indicó que el material fue transformado en un producto nuevo. Si se incorporan las reparaciones y los arreglos, la proporción asciende al 92,9%.

Entre los productos mencionados aparecen bolsos y mochilas, almohadones, muñecos, acolchados, bijouterie textil, boinas, canastos, artículos de marroquinería y juegos de gran formato para clubes y escuelas.

Esta diversidad muestra que la circularidad textil se adapta a los materiales disponibles, a las habilidades de cada persona, a las herramientas con las que cuenta y a las demandas de su comunidad.

Pequeños talleres, grandes esfuerzos

El trabajo se desarrolla mayoritariamente a pequeña escala. El 88,2% de las personas encuestadas trabajó con menos de 30 prendas o equivalentes durante los últimos 30 días.

En muchos casos se trata de actividad desarrollada desde el hogar o en talleres muy pequeños. El volumen depende del tiempo disponible, del acceso a materiales, de las herramientas, de la demanda y de la posibilidad de compatibilizar la producción con otras responsabilidades.

Por eso, hablar de circularidad también implica hablar de condiciones de trabajo.

La otra cara: circularidad y fragilidad económica

Esta edición incorporó un bloque específico de preguntas sobre la situación económica. El resultado plantea una tensión central:

El 58,6% de las personas encuestadas no logró cubrir sus costos básicos de operación sin resignar pagos o endeudarse.

Los costos considerados incluyen materiales, transporte y herramientas. Al mismo tiempo, los precios de venta se mantuvieron estables para una parte importante de quienes venden habitualmente, mientras que la demanda percibida cayó para el 47,1% de las respuestas válidas.

La combinación de costos que no se cubren, precios que no acompañan y una demanda más débil comprime los márgenes desde distintos lados. El alto aprovechamiento de los materiales es una capacidad ambiental valiosa, pero también puede expresar una estrategia para producir en un contexto donde reponer insumos resulta difícil.

La circularidad y la vulnerabilidad forman parte de una misma realidad: existe una capacidad concreta de recuperación y transformación, pero todavía faltan infraestructura, mercado, protección y reconocimiento para que esa capacidad se convierta en una oportunidad sostenible.

Barreras que van más allá de la producción

Cuando se consultó por los factores que afectan la actividad, el 44,3% señaló la situación económica general del país. La competencia con ropa importada barata o de segunda mano apareció como el segundo factor más mencionado, con un 17%.

En los comentarios abiertos también surgieron otras dimensiones:

• Salud y cuidados: el 13,6% vinculó una enfermedad propia, una cirugía, una discapacidad o el cuidado de un familiar con una caída en su producción.

• Acceso a canales de venta: el 10,2% mencionó dificultades para manejar redes sociales, llegar a ferias, fijar precios o encontrar espacios de comercialización.

Estos resultados muestran que no todas las dificultades se resuelven con más capacitación técnica. Algunas requieren acompañamiento comercial; otras, herramientas y reparación; otras, redes de cuidado y políticas que reconozcan las condiciones concretas en las que se desarrolla el trabajo.

Medir para reconocer y transformar

La Encuesta Permanente de Circularidad Textil es parte de una estrategia más amplia de HILANDA: generar conocimiento, fortalecer capacidades y construir soluciones colaborativas en torno a la economía circular.

A través de sus capacitaciones, incubaciones y alianzas, HILANDA trabaja para transformar descartes textiles en oportunidades de formación y trabajo digno. El programa Impulsá, desarrollado junto con la Secretaría de Economía Circular y Empleo Verde del Ministerio de Ambiente y Economía Circular de la Provincia de Córdoba, acerca herramientas para fabricar productos a partir de descartes y ropa en desuso, y para fortalecer proyectos productivos en distintas localidades.

También impulsamos instancias de articulación y capacitación junto a UPC, con el objetivo de conectar organizaciones, emprendedoras y otros actores de la región para compartir conocimientos, experiencias y oportunidades.

La encuesta aporta una dimensión necesaria a ese trabajo: permite escuchar a quienes sostienen la circularidad en la práctica y producir evidencia para orientar futuras acciones.

Una agenda de trabajo compartida

Los resultados de agosto señalan algunos puntos de intervención concretos:

• Mejorar el acceso a herramientas e insumos;

• Facilitar su reparación y mantenimiento;

• Fortalecer los canales de comercialización;

• Acompañar la formación en precios, ventas y comunicación;

• Reconocer la incidencia de los cuidados y de la salud en la continuidad productiva;

• Ampliar y mejorar la serie de datos sobre circularidad textil.

Ninguno de estos desafíos puede resolverse de manera aislada. Requieren la participación de organizaciones sociales, instituciones públicas, universidades, empresas, financiadores, redes de economía circular y, especialmente, de las propias personas que realizan este trabajo.

Desde HILANDA invitamos a quienes comparten este compromiso a construir una red capaz de hacer visible el impacto, fortalecer a sus protagonistas y convertir la circularidad textil en una oportunidad de desarrollo más justa, sostenible y territorial.